LA ROSA DE LOS T(i)EMPOS

LA ROSA DE LOS T(i)EMPOS

Artbres es un "proyecto rizoma".

A partir de una semilla inicial, fueron creciendo raíces, se fueron generando tallos. Horizontalmente, sin jerarquías. A  partir del caminar por el medio natural  se van generando vivencias y reflexiones que dan lugar a las diferentes series/proyectos.  

El tiempo, el paso del tiempo, el tiempo que le dedicamos a las cosas, el tiempo que compartimos, el tiempo vivido, el tiempo que nos  queda por vivir,  el espacio, nuestra relación con el entorno y la relación de este con nosotros (que no es biyectiva), la empatía con el territorio, la mirada, el cruce de miradas,  la soledad y la mirada estética y artealizadora del paisaje son los elementos recurrentes que van apareciendo. Al mismo tiempo esta presente la búsqueda de un lenguaje personal, un estilo, que amalgame todo este entramado conceptual. Me interesa la "estética de la abstracción” y su  carga espiritual y poder a través de ella , dejar rastro en las imágenes, como si se tratara de la propia sombra que algunos fotógrafos incluyen en sus imágenes. Y ¡cómo no! un interés indagatorio respecto a la mirada antropológica hacia  los árboles, al tótem viviente, al sedentarismo, a la mística de la union cielo(ramas-hojas) y tierra(raíces)

 

La "Rosa dels Temp(o)s), la "Rosa de los T(i)empos", es uno de esos proyectos nacidos a partir del rizoma Artbres. Habla del tempo al que trabajo, del espacio, de la mirada, del tiempo y de su relación generadora con el paisaje.

El proceso empieza con la búsqueda de un protagonista adecuado a la historia que quiero contar. Lo encontré en  la Vega del Moll, Morella (Cs), cercano al Mas del Dolço. Fue una aparición, pero no casual. Estaba buscando exactamente aquel árbol, aquel espacio, aquel territorio y sabia que a través de los quilómetros aparecería. 

Posteriormente vinieron los viajes, el tiempo compartido, la búsqueda, el diálogo, el conocimiento. Siguiendo un tempo, lento, casi adagio, de pasear, sentarme, pensar, meditar, hablar con el dueño del terreno, conociendo la historia del árbol, empapándome del lugar.  Las imágenes iniciales, la decisión del encuadre, de la óptica y focal, la PdC, el WB,  la búsqueda de mi mirada estética, mi manera de relacionarme con el chopo y su manera de relacionarse conmigo cedieron paso a la estructuración de la serie. Quería dotar al proyecto de una singularidad que resaltase un desnudo y anónimo pedazo de territorio que estaba convirtiendo en paisaje, y que al mismo tiempo dejase rastro de mi presencia. Entre el “descubrimiento del sitio” y las primeras "imágenes dobles” de la series transcurre un intervalo superior al año; tiempo que ha necesitado el proyecto para madurar. No puedo precisar el final. Desearia tener imágenes tomadas durante un par de años pero por las circunstancias que explico, no puedo asegurar nada. Mi intención es, en un intérvalo mas o menos mensual, visitar y fotografiar el cambio que ha operado el tiempo en el árbol, el territorio circundante y en mi mirada. 

En diversas ocasiones aparece por allí el dueño del terreno. La extrañeza con que me mira, seguida de sus preguntas al responderle sobre lo que estoy haciendo me recuerda los comentarios de Cézanne sobre los “paysans” de Sainte-Victorie y la forclusión de la que habla A. Berque. En otra ocasión me habla de las cicatrices y caídas de ramas que los rayos le están causando en los últimos años. “Aunque parece un ejemplar solido, esta podrido por dentro”. Su última visita es la que me resulta mas dolorosa: está decidido a cortarlo pues teme que caiga y mate a alguna de las vacas que pacen a su sombra. Esta “sentencia de muerte” es mas dolorosa pues cada vez que voy a visitar el árbol, pienso que es posible que ya no lo encuentre con vida. Estoy fotografiando esa “casi última imagen” de las que habla Pascal Quignard?, estoy fotografiando esa muerte que se refleja en todas las fotografías?.

Paralelamente a las visitas al árbol, visito a mi tia Patro, de 103 años, y no puedo dejar de establecer el paralelismo acerca de la última visita, de esa última fotografia, de ese último tiempo que compartimos, paseando o recordando el pasado, que puede que sea el último. En nuestro último encuentro me habla de la muerte con una naturalidad extenta de dramatismo, aceptada, serena que me resulta esperanzadora, a mi,  una persona con las reflexiones que me hago actualmente. Me reafirma en mi vision de que las  imágenes del proyecto no necesitan del dramatismo. Pueden expresar serenidad al tiempo que las acecha una motosierra que lleva grabadas  las palabras “Nenimi parco” en la espada.   El punto culminante de nuestro encuentro de este día es cuando la tía Patro, que tanto me recuerda a mi difunta madre, me muestra una foto de cuando tenia 4 o 5 años. 

Mi idea inicial, que es la que  seguí­, se estructuraba en imágenes dobles  formadas por la multiexposición de ocho disparos, circundando el árbol con paradas cada dos cuartas : N-NE-E-SE, ... que abarca y describe toda la anatomía del chopo, al tiempo que recorre y describe todo espacio que domina su visión. Son dos miradas encontradas, dos maneras de ver, la suya estática,  dinámica la mía. Son miradas que quieren ser sincrónicas (aunque ambas se llevan algún minuto, por motivos evidentes) al tiempo que diacrónicas. Es la imagen, al igual que los árboles, contenedora del tiempo. Aunque me planteé en un principio que saliese mi huella en las fotos correspondientes a la mirada del árbol, finalmente lo desestimé, pues no quería las referencias antropocéntricas, dejando que fuese “el estilo”, quien hablase del fotógrafo.

 

Finalmente, lo que queda es la mirada estética personal, sobre un territorio anónimo,  definiendo un paisaje; un tiempo que estamos  compartiendo y que nos estamos dedicando mutuamente; la recreación personal en el tempo grave, lento, de mi trabajo, la empatía que generan nuestras miradas.

Y todas las reflexiones que me va inspirando el momento, muy centradas en la carga emocional que transciende la visita familiar y los paralelismos entre las dos fotografías del día, la de mi tía-árbol y la del mi árbol-tía.

 

 

"... los granjeros, a quienes pertenecia, de manera inesperada, en la mañana del 15 de octubre, talaron el hermoso y viejo alamo del cruce de caminos frente a Muzot, simpemente porque creian que sus raices estaban empobreciendo las praderas.  El paisaje ha cambiado mucho con eso: aquella fuerte vertical lo empujaba hacia lo altp y le daba vida e hidalguia..." Rainer Maria Rilke desde Suiza, en una carta a su esposa.

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